Sostenibilidad y Valor intangible: la nueva forma de analizar mercados y empresas.

La necesidad de lograr un mundo medioambientalmente sostenible ha dejado de ser un reclamo de marketing y cada vez son más los organismos y actores de mercado a nivel mundial que están impulsando este objetivo. La ONU estableció, el 25 de septiembre de 2015, un conjunto de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible. En dicha agenda se establecen 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Cada objetivo tiene metas específicas que deben alcanzarse antes de 2030.

Estos ODS van más allá de ser meras proclamas políticamente correctas. Cada vez más, los diferentes gobiernos irán incluyendo legislación y normativa, dentro de las prácticas de buen gobierno corporativo de las empresas cotizadas, de obligado cumplimiento en relación con dichos ODS. No sólo eso: los inversores institucionales ya han comenzado a retirar su apoyo a aquellas empresas cuya actividad es manifiestamente contraria a estos ODS (Noruega acuerda la mayor desinversión conocida  en combustibles fósiles) y pronto empezarán a hacerlo a aquellas que, aún no siendo su actividad contraria a los ODS, no incluyan como parte de su actividad de negocio acciones para ayudar a su cumplimento a nivel mundial.

Esto ha dado lugar, por un lado, a los fondos socialmente responsables (fondos que invierten en empresas que demuestran estar comprometidas con los ODS) y, por otro, a los bonos verdes (emisiones de deuda de empresas que buscan captar capital para desarrollar actividades que ayuden a cumplir los ODS). Estas tendencias no sólo irán en aumento: pronto serán mayoritarias. Tal es así, que ante la emergencia COVID-19 y la necesidad de nuevas y millonarias emisiones de deuda por parte de los diferentes estados, la ONU ha hecho un llamamiento de respuesta global solidaria, que, entre otras cosas, demanda a los intermediarios bancarios a seleccionar los bonos según criterios sociales, ambientales o climáticos. Algo que el BCE aún no está haciendo, pero que antes o después comenzará a hacer. Ello implicará que los estados se verán forzados a rescatar empresas en función de dichos criterios sociales, ambientales o climáticos. 

Por otro lado, el ODS número 7 hace referencia a la energía asequible y no contaminante. Ello hace que el sector de las renovables esté en boca de todo el mundo. Toca analizar si todo este hype sostenible no estará creando una burbuja en ciertos activos, principalmente en empresas asociadas “a lo renovable” (Gamesa, Greenergy, Solaria, Audax…). Gamesa, debido a las inquietudes que el valor ha generado estos últimos días en muchos de los usuarios de Bitácora Bolsa, será objeto, en el próximo artículo, de nuestro primer análisis de empresas relacionadas con lo sostenible, ya que, sin duda, Gamesa puede ser víctima de unas expectativas poco realistas por parte de muchos inversores que acuden al calor de la moda sostenible sin entender realmente todo lo que ello supone (principalmente, regulaciones, coste de ejecución de proyectos e incorporación de valor intangible).

Todo lo anterior nos lleva a insistir, como ya hemos hecho muchas veces, en avisar de que la mayoría de analistas financieros no están preparados para evaluar empresas en este nuevo escenario donde algo tan intangible como el compromiso social, ambiental o climático, pesará mucho más que los EBITDA, ROE, ROCE, etc… El guidance corporativo que tanto gusta a muchos autoproclamados “mesías del financiero” (y que dicen estar ayudando a la gente a mejorar su educación financiera…) para actualizar sus viejunas (pero preciosas) excels atiborradas de fórmulas que describen cómo analizar una empresa en 1987, ya no es válido por sí solo para entender cómo valorar el intangible de empresas que en su mayoría serán digitales, socialmente responsables y sostenibles. Y así, estos “mesías del financiero” fallan una y otra vez a la hora de realizar valoraciones de empresas del NASDAQ, con Tesla como claro ejemplo de lo aquí expuesto. Ante la imposibilidad de comprender el nuevo mundo con sus viejas fórmulas, acusan a otros de “ignorantes” y llaman “burbuja” a algo que ellos simplemente no entienden. No estoy diciendo que Tesla no sea una burbuja (muy probablemente lo sea y su estallido se va a llevar por delante a más de un incauto). Lo que estoy diciendo es que esos “mesías del financiero” no tienen ni la más remota idea de por qué Tesla es una potencial burbuja (porque no es por las razones que ellos esgrimen en base a sus formulitas contables) y están completamente desprovistos de herramientas y conocimiento para evaluar empresas del siglo XXI.

Las empresas del siglo XX se caracterizaban por el diseño de un plan de negocio de largo plazo (más de 10 años) y por aportar valor al accionista en base a retribuciones (dividendos o revalorización) que pueden ser descontadas en el presente en base al guidance del cumplimiento de dicho plan que periódicamente presentan las empresas. Es relativamente sencillo, en base a fórmulas estándar, realizar descuentos futuros de los aspectos contables y tangibles de la cuenta de resultados. Los “mesías del financiero” adornan de anglicismo y misterio algo que es mero método contable. Y esto ha funcionado durante todo el siglo XX.  El problema para estos “mesías financieros” es que los inversores del siglo XXI ya no valoran las empresas sólo de manera contable y tangible, sino que cada vez pesa más el intangible de lo socialmente responsable. Usando los anglicismos de los mesías financieros, el “guidance” está siendo, cada vez más, complementado (que no sustituido)  por el “purpose”: ya no importa tanto la obtención de beneficios en base al cumplimiento de un plan, sino qué objetivos persigue la empresa en términos de ayudar a mejorar el mundo. Esto, junto con los profundos procesos de transformación digital (que hacen muy difícil descontar valoraciones futuras de procesos de producción en continua evolución y mejora), y un contexto global cambiante donde incertidumbres cada vez mayores fuerzan a las empresas a reinventar sus negocios en espacios de tiempo cada vez menores, hacen que cada vez carezca de menos sentido la tradicional valoración por descuentos financieros según cuenta de resultados. Esto obliga a conocer cada vez más de la empresa, de su contexto global, de su equipo gestor y de cómo este tiene pensado hacer de la empresa un actor que ayude a mejorar el mundo en lugar de drenar de él recursos para el beneficio de directivos y accionistas no comprometidos socialmente. El mundo que conocían los financieros y economistas de escuela, desaparece lenta pero progresivamente delante de sus ojos, pero ellos, en lugar de adaptarse, prefieren tildar de ignorantes a quienes ignoran sus excels. El dolor de todos estos mesías financieros de excel y fórmula no será pequeño. Y lejos de ayudar a mejorar la educación financiera de la gente, lo único que hacen es contarles hoy cómo era el mundo hace 30 años y decirles que todo sigue igual entonces. ¿Que podría salir mal?

Todo esto se enmarca, además, dentro de una peligrosísima moda de última generación: la búsqueda de la independencia financiera (IF), al calor de la cual están surgiendo, como setas tras la lluvia, gurús de la IF empeñados en “mejorar la educación financiera de la gente” en base a un conjunto de obviedades, falacias y recetas que van desde ahorrar “como hacía la abuela”, a la inversión en bolsa (hace poco se puso de moda en Twitter el hashtag #YoInvertoEnBolsa donde se vertieron peligrosísimos comentarios mezcla de la gran ignorancia de mucha gente con la falta de escrúpulos de estos nuevos gurús para aprovecharse de esta ignorancia en masa), pasando por idolatrar la indexación, los dividendos, la inversión a lago plazo y el interés compuesto, todos ellos conceptos del siglo XX que no tienen sentido en el siglo XXI. Tras la moda de los cursos para hacerse rico haciendo trading (y que sólo ha hecho ricos a los vendedores de dichos cursos) nos viene ahora la moda de “mejorar la educación financiera para lograr una verdadera independencia financiera”. Y los gurús de este nuevo Santo Grial financiero vienen con fuerza: se autoproclaman los salvadores de la humanidad frente a los vendedores de cursos de trading: ellos no venden cursos, sólo os pedirán que les paguéis para que sigáis recibiendo sus sabios consejos financieros.

En ese sentido, y ante la peligrosa deriva que están tomando los modelos de pago por suscripción, nos vemos obligados desde Bitácora Bolsa a decir que Bitácora Bolsa no promete a sus suscriptores ningún santo grial, ni ninguna fórmula mágica para lograr la independencia financiera. Nuestro objetivo siempre ha sido, y será, ayudar a filtrar el ruido informativo para ayudar a nuestros suscriptores a entender cómo funciona y evoluciona el mundo en el siglo XXI. Ello incluye informar tanto acerca de las tendencias que marcarán el desarrollo de los negocios y las empresas (como los ODS) como informar acerca del ruido informativo que generan gurús y analistas que, viendo agotado el modelo de cursos, se suben a ensuciar los modelos de suscripción con nuevas promesas, siendo la “independencia y la educación financiera” el nuevo reclamo (al igual que en su momento lo fue el de “hazte rico desde casa haciendo trading” para vender cursos y salas).  Al igual que pasó en su momento con los cursos de bolsa (que los había muy buenos), la incorporación masiva de charlatanes a los modelos de suscripción logrará ensuciarlos, y cuando todo sea otra vez un lodazal, pagarán justos por pecadores. Todo parece indicar que el ruido informativo va a aumentar exponencialmente con el advenimiento de los “mesías del financiero” y los “gurús de la educación y la independencia financiera”, sabedores de que es en momentos difíciles como los actuales, cuando más incautos pueden pescar en un océano de multitud de gente asustada, perdida y sin criterio, que busca respuestas fáciles e inmediatas a problemas para los que estos gurús ofrecen respuestas obvias e inservibles, pero elaboradas de tal manera que logran el placebo de miles de seguidores que creen así ser dueños de su destino.

Sí, Bitácora Bolsa ayuda a poner norte informativo para que cada suscriptor decida por sí mismo, pero no hacemos ese peligroso reduccionismo financiero según el cual la IF se logra “ahorrando, indexándose a largo plazo con aportaciones periódicas para aprovechar el interés compuesto y cobrando dividendos”. El ahorro no es una tarea tan sencilla como “gastar menos de lo que se ingresa”. El largo plazo es el verdadero destructor de patrimonios y el dividendo es un engaño. Todo ello en unos mercados donde las empresas del siglo XXI ya no pueden analizarse como las del siglo XX: la valoración de propósito e intangibles, la digitalización y los contextos globales  de incertidumbre permanente (con la pandemia como máximo exponente) hacen que el análisis de los mercados atienda más a cuestiones de capitalismo de estado y psicología de masas, que de fundamentales de empresa.

De todo esto iremos hablando en sucesivos artículos. El compromiso de Bitácora Bolsa de reducir el ruido informativo y ayudar a entender cómo funciona el mundo del siglo XXI, sigue siendo el mismo que dio lugar a este proyecto pionero hace ya más de años, mucho antes de que los nuevos gurús empezasen a ensuciar el modelo de suscripción.

8 comentarios en “Sostenibilidad y Valor intangible: la nueva forma de analizar mercados y empresas.”

  1. Artículo imprescindible ante el alud de vendehumos con narrativas infalibles que está arrasando Twitter, YouTube… y para tratar de comprender el mundo que se nos viene.

  2. Lo trompeteros del yo #inviertoenbolsa son un peligro inconsciente pero real. Y en plena fiebre bituminosas. Casualidad?
    Por no pensar que provienen del mismo infierno.

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